BERGOGLIO ES UN MONO CON NAVAJA

El pernicioso habitante de Santa Marta pide que las parejas homosexuales estén protegidas legalmente por “la unión civil”. Va de suyo que la susodicha unión supone la convivencia sexual, ergo, copular contra natura. Es decir que Bergoglio ha borrado de la noche a la mañana la enseñanza moral de la Iglesia. Desde luego que esto forma parte de su “magisterio” personalísimo que no obliga a nadie, pero el daño está hecho y el escándalo es inconmensurable.

Ya ni siquiera queda en pie el Catecismo conciliar de 1992 que en su número 2357 considera a los actos homosexuales como “intrínsecamente desordenados” en tanto “depravaciones graves”, que “no puede recibir aprobación en ningún caso”, si bien en el números siguiente pretende aliviar un tanto la cosa, dando más de una vuelta, a fin de evitar “todo signo de discriminación injusta”. (¡Qué lejos estamos de calificarlo como “vicio nefando”!).

Hace ya un tiempo que el sabio profesor Roberto De Mattei dijo que a partir de la designación de un personaje como Bergoglio al frente de la Iglesia, los acontecimientos se sucederían con mayor rapidez, y que convenía recordar la sentencia latina motus in fine velocior: al final de un período histórico el tiempo pasa más rápido.

¿Habrá terminado ya el tiempo del nefastoVaticano II y vendrán días aún más oprobiosos? El Cielo no lo permita y que el viento de Dios se lleve bien lejos a ese mono con navaja que es el paranoico de Jorge Mario Bergoglio.