ENRIQUE DÍAZ ARAUJO, UN ARGENTINO ESENCIAL

Otros han dicho del valor intelectual de este gran amigo, llamado hace pocos a la presencia del Señor. Pero obra tan copiosa no la habría podido realizar, si no hubiese poseído las virtudes teologales de la Fe, de la Esperanza y de la Caridad.

La Fe, robusta y completa; la Esperanza, fuerte y segura; la Caridad encendida y desbordante, traducida en su hondísimo amor a la Patria.

Dice San Juan de la Cruz que “al final de la tarde seremos examinados en el amor”. Confiado en la Divina Misericordia, convencido estoy de que Enrique -que tantos exámenes tomó en su vida terrenal- aprobó “cum laude” esta última y decisiva prueba.

Acompaño en esta hora de pena y desolación a María Delia Buisel, su ejemplar compañera de los últimos años. Que la Santísima Virgen la tenga de su mano.