TARDE Y MAL …

Con su ¿Quién soy para jugar?, Bergoglio levantó la tapa de la caja de Pandora, permitiendo así que la cuestión de la homosexualidad se discutiese abiertamente en el seno de la Iglesia. Es decir, lo que durante siglos se consideró, fuera de toda duda, un vicio nefando y una perversión, ahora pasó a ser algo casi opinable, claro indicio de apostasía.

San Pablo no dudó, por supuesto y escribió  en su primera Carta a los Romanos que los actos homosexuales se deben a “pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión”.

Por su parte, el Catecismo de 1992, considera los actos homosexuales son “depravaciones graves” “intrínsecamente desordenados” y “contrarios a la ley natural” (art.2357). Y el Compendio del 2005 dice que “son pecados gravemente contrarios a la castidad”, “expresión del vicio de la lujuria” que “si se cometen con menores, estos actos son un atentado aún más grave contra su integridad física y moral”.

Pero  estas condenas no se repiten en la reciente -y lenitiva- respuesta de Congregación para  la Doctrina para la Fe sobre la licitud de la bendición sobre la bendición a relaciones y parejas homosexuales, que pese a ser negativa, reconoce en “tales relaciones de elementos positivos, que en sí mismos son de apreciar y de valorar.”(¿Cuáles serán, Dios mío?) y que dicha declaración de ilicitud no es por tanto, y no quiere ser, una discriminación injusta. (¡Si la Iglesia nunca discriminó injustamente a los homosexuales, señor cardenal Ladaria, hágame el favor!)

Respecto del ¿Quién soy yo? de Bergoglio se plantea un intríngulis sobre si fue algo irresponsable o premeditado. La respuesta pertinente debe darse ajustándose a sus hechos y no a sus  desbordes verborrágicos. Baste recordar su efusiva y pública acogida a una pareja de maricones argentinos el 23 de Septiembre de 2015, en la Nunciatura de Washington.

Creo que todo este asunto es una prueba más del doble juego, práctica constante de Bergoglio, que lo ha despojado de todo autoridad, gracias a su ceguera demagógica. Baste esperar, nada más, el poco caso que harán a la respuesta de la Congregación los cismáticos obispos alemanes.

Nota catapúltica

El Obispo de Amberes Johann Bonny es uno de los coautores del reciente libro Mag ik? Sorry, Dank je, Vrijmoedige dialoog over relaties, huwelijk en gezin (¿Puedo yo?-Gracias,Diálogo Abierto sobre relaciones,matrimonio y familia), junto con el teólogo moral Roger Burggraeve e Isel Van Halst.

En el texto hay plena aceptación de las relaciones sexuales premaritales, la contracepción y también de las relaciones homosexuales y de la “bendición” de esas uniones, porque “las enseñanzas de la Iglesia ya no reflejan lo que los cristianos hoy experimentan sobre el pecado”

2 de diciembre de 2016  http://catapulta.com.ar/?p=2069