EL CANGREJAL CONTRA DÍAZ ARAUJO

Un rejunte de minusválidos ha conseguido que se suprimiesen unas conferencias sobre Enrique Díaz Araujo, patriota y amigo inolvidable, cuya ausencia es una herida que duele. ¡Y cómo! Pero no hay que sorprenderse o enojarse: está en la naturaleza de las cosas que los malvados hagan maldades y que los torpes cometan torpezas, dando palos al vacío. Enrique y su venerada memoria permanecerán para siempre, mientras la gavilla del cangrejal se perderá, revolcada entre los detritus de los que emergieron.

Sirva la ocasión para recordar las enseñanzas de nuestro maestro Tomás que así decía sobre el odio, en laII-IIae, q.34: “siendo la envidia tristeza provocada por el bien del prójimo, conlleva como resultado hacernos odioso su bien, y ésa es la causa de que la envidia dé lugar al odio”.

El bien, el inmenso bien que a manos llenas hizo nuestro Enrique lo convirtió en mortal enemigo de semejantes especímenes, que no soportan la luminosidad y belleza de la verdad. Allá ellos con sus ruindades, sus odios y sus envidias.

A nosotros nos basta saber que su última y esperanzadora lección de fortaleza, fue morir recitando con el último aliento las invocaciones al Sagrado Corazón de Jesús, acompañado por su gran María Delia. ¿Qué más pedir?