UN PELIGRO: ¿CATEQUISTAS O AGENTES REVOLUCIONARIOS?

En el reciente documento  sobre la institución de los catequistas hay dos puntos que merecen atención:

10.Una vez insertados ya los catecúmenos en los Sacramentos de la iniciación cristiana, los Catequistas permanecen en la comunidad como testigos de la fe, maestros y mistagogos, acompañadores y pedagogos disponibles para favorecer, en todo lo posible, la vida de los fieles, a fin que sean conformes al bautismo recibido.[21] También están llamados a descubrir formas nuevas y audaces de anunciar el Evangelio que permitan suscitar y despertar la fe en el corazón de quienes ya no sienten necesidad de la misma.[22]

  1. El ámbito del anuncio y de la enseñanza, sin embargo, describe sólo una parte de la actividad de los Catequistas instituidos: de hecho, están llamados a colaborar con los ministros ordenados en las diversas formas de apostolado, desempeñando, bajo la guía de los pastores, múltiples funciones. Queriendo ofrecer un elenco –aunque no exhaustivo– puede señalarse:la promoción humana según la doctrina social de la Iglesia; la ayuda a los pobres; el fomento las relaciones entre la comunidad y los ministros ordenados.

Me pregunto cuáles serán las “formas nuevas y audaces de anunciar el Evangelio” y de qué se tratará “la promoción humana según la doctrina social de la Iglesia”. Tal como están las cosas, por un lado es legítimo suponer que entre esas “formas nuevas y audaces” no faltarán las chorradas  pachamámicas y el creciente resentimiento “pobrista”; y por el otro, que la mentada doctrina social de la Iglesia  será la de los plomizos e inaguantables textos de Bergoglio, presentados como textos fundacionales de “su” Iglesia, que no es, por cierto, la católica. ¡Si hasta parece que León XIII, Pío XI y Pío XII nunca escribieron nada! Y ni hablar de San Pío X, ese Papa “maldito”…

Estamos entonces frente a la eventualidad de que estos catequistas  sean verdaderos agentes revolucionarios, inficionados por buenas dosis de marxismo. Con el desorden que sufre la Iglesia actual, todo es posible, y es obligación advertir sobre el peligro.