PEQUEÑO APUNTE DEL DÍA

ANTINOMIA BERGOGLIANA: LA IGLESIA “CERRADA” (de Trento) vs.LA IGLESIA “ABIERTA” (del VII)

Se agota la capacidad retórica de Bergoglio y sigue dando vueltas a base de ideas fijas. De todos modos, esas fijaciones sirven para conocer sus fobias y resentimientos contra la religión de siempre. Una última prueba es lo que dijo en la homilía del 18 de enero, de acuerdo al resumen de L´Osservatore Romano. Basten algunos párrafos:

“El cristiano que se esconde detrás del siempre se ha hecho así… comete pecado, convirtiéndose en idólatra y rebelde y viviendo una vida parcheada, a medias, porque cierra su corazón a las novedades del Espíritu Santo”.

“…la ley está al servicio del hombre, que está al servicio de Dios, y para esto el hombre tiene que tener el corazón abierto. La actitud de los que dicen: siempre se ha hecho así … en realidad nace de un corazón cerrado”.

“…si tú tienes el corazón cerrado a la novedad del Espíritu, nunca llegarás a la verdad plena».

“(Este) es el pecado de muchos cristianos que se aferran a lo que siempre se ha hecho y no dejan cambiar los odres”.

“…los cristianos obstinados en el siempre se ha hecho así, este es el camino, este es la vía”, pecan: pecan de adivinación: es como si fuesen al quiromante”.

Y esto es también pecado de idolatría: la obstinación. El cristiano que se obstina, peca, peca de idolatría”.

“…está el Espíritu Santo que nos conduce a la verdad plena. Pero para esto necesita de corazones abiertos, corazones que no se obstinan en el pecado de la idolatría de sí mismos, que consideran que es más importante lo que pienso que la sorpresa del Espíritu Santo”.

“…ante las novedades del Espíritu, ante las sorpresas de Dios, también las costumbres deben renovarse

https://w2.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2016/documents/papa-francesco-cotidie_20160118_odres-nuevos.html

En esta ristra de lugares comunes, sobre los cuales no da aclaración o precisión alguna –¿qué es “la verdad plena?”- Bergoglio plantea una antinomia diálectica entre “corazones abiertos vs. corazones cerrados”, un lamentable recurso demagógico. ¿Santo Tomás tendría un “corazón cerrado” y el montonero Angelelli un “corazón abierto”?

No obstante, detrás de este palabrerío se revela su objetivo de “renovar las costumbres”, al cual apuntó Amoris laetitia, un texto deliberadamente confuso.

En buena teología moral -no es una cuestión que le preocupe mucho a Bergoglio-correspondería señalar cuáles son esas costumbres y no dejar la cosa allí flotando. Pero ese es el estilo taimado que él prefiere: decir las cosas como al pasar, en ese medio tono propio del individuo astuto que no va de frente. Y que esperen sentados su respuesta los cardenales de las dubias. Ya les contestó a través de los obispos malteses que le darán la comunión a los adúlteros.

Seguramente Bergoglio seguirá desparramado las mismas oscuridades y las mismas turbiedades, homo verborreicus como es. En definitiva, esa maraña es la cobertura para ejecutar sus designios de liquidar cuanto antes a la Iglesia “cerrada” de Trento e implantar la Iglesia “abierta” del Vaticano II, de la cual Lutero será uno de sus “santos”.

Dejo constancia de que soy un “idólatra”, un “rebelde” y un “obstinado” aferrado al “siempre se ha hecho así”. Y que pongo mis esperanzas en el próximo terremoto.