OTRO DELIRIO POSCONCILIAR:LA“CARIDAD ECUMÉNICA” (¡e inspirada por el besador “Tucho”!)

“Con el lema “La Caridad Ecuménica a los 500 años de la Reforma”, se llevó a cabo en Buenos Aires el Encuentro de Delegados de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso (EnDeDio) 2017.

La actividad fue organizada por la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam, y las Religiones (Ceerjir), y se desarrolló del 1 al 3 de septiembre en la casa de Obras Misionales Pontificias de la ciudad de Buenos Aires.

Los delegados diocesanos de la Argentina se reunieron para tratar el tema “La Caridad Ecuménica a los 500 años de la Reforma” desde la perspectiva teológica-espiritual de monseñor Víctor Manuel Fernández, rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), y desde la perspectiva histórica por el presbítero Carlos Ponza, director espiritual del seminario mayor Nuestra Señora de Loreto, de Córdoba.

Participó también el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez, miembro del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos”

 http://www.aica.org/30209-la-caridad-ecumenica-0-anos-de-reforma.html

Nota catapúltica

El aquelarre se desarrolló en la casa de Obras Misionales Pontificias, cuya misión era convertir a la religión verdadera a herejes, infieles y  paganos. Pero convertir es lo que no hace, precisamente, la Iglesia posconciliar.

Como antídoto de “la caridad ecuménica”, falsa de toda falsedad, recuerdo con emoción y nostalgia, la hermosa  Consagración del Género Humano al Sacratísimo Corazón de Jesús, compuesta por Pío XI, que rezábamos en la capilla del Champagnat:

“Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar; vuestros somos y vuestros queremos ser y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Sacratísimo.

Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y de miseria.

Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.

Mirad, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida, la sangre que un día contra sí reclamaron”.

Conceded, oh Señor, incolumnidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz:

¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud, a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos!. Amén.”