PEQUEÑO APUNTE DEL DÍA

UN PAR DE IDIOTAS ÚTILES (pero con bastante mala leche)

“El Obispado de San Isidro decidió presentarse como querellante en la investigación por el asesinato del sacerdote Francisco “Pancho” Soares, párroco de Nuestra Señora de Carupá, cometido el 13 de febrero de 1976, apenas días después que el cura denunciara el asesinato de tres militantes populares. El expediente forma parte de la megacausa por delitos de lesa humanidad planificados desde Campo de Mayo durante la última dictadura cívico militar.

Los obispos Oscar Ojea y Martín Fassi, a cargo del obispado sanisidrense, acompañarán el reclamo de justicia por Soares a pedido de los fieles de la parroquia Nuestra Señora de Carupá, donde oficiaba “Pancho” al momento de su asesinato. “Tras reunirnos con el obispo y su auxiliar, le llevamos la propuesta de toda la comunidad y ellos aceptaron. En estos días, por medio de un abogado, la Diócesis de San Isidro se presentará como querellante para impulsar la investigación sobre el asesinato de “Pancho”, señaló a Télam el padre Jorge Marenco, quien está actualmente al frente de la parroquia que guiaba Soares.

La memoria de Pancho Soares se mantuvo firme entre los fieles de la zona quienes, a partir de sus gestiones, lograron que una calle lleve su nombre, elevaron una escultura en la parroquia de Carupá y consiguieron que lo declaren ciudadano ilustre de Tigre post mortem. La denuncia ante el juzgado federal en lo Penal y Correccional N°2 de San Martín fue presentada en 2012 por la catequista Graciela Carrel y la ex catequista Adriana Fernández, quienes luego de mucho tiempo de investigación y a partir de los testimonios recogidos en el barrio, lograron reconstruir la historia del cura y llevarla a la justicia.

Nacido en San Pablo, Soares se trasladó a nuestro país con su familia de muy pequeño y se nacionalizó argentino. Se formó religiosamente entre Chile y Francia y regresó a Buenos Aires en los ’60, donde solicitó que se lo asignara a alguna barriada humilde del conurbano. Se hizo conocido en Villa Adalguiza en San Fernando y Villa Barragán, Tigre, hasta que en 1966 se instaló en Nuestra Señora de Carupá. Su opción siempre fueron los pobres. Organizó una fábrica de plantillas -de ahí su apodo de “cura zapatero”-, luego fundó la comunidad Juan XXIII donde se fabricaban baldosas, y en ambos emprendimientos trabajaba como uno más; y siempre estaba dispuesto a dar una mano a la comunidad, en un contexto de necesidades.

Soares fue asesinado el 13 de febrero de 1976, de madrugada, en su casa al lado de la parroquia, en el límite entre San Fernando y Tigre; también fue asesinado su hermano Arnoldo. Una semana antes, su voz de denuncia se había escuchado con fuerza en el entierro de los obreros navales Luis “Huesito” Cabrera y Oscar “Titi” Echeverría, y de la docente Rosa María Casariego, todos militantes populares de zona norte, quienes el 3 de febrero de 1976 fueron secuestrados y posteriormente asesinados por la Triple A.

Su asesinato se ubica en la misma línea del del padre Carlos Mugica, el 11 de mayo de 1974; al cura Enrique Angelelli, el 4 de agosto de 1976; y a las monjas francesas, Léonie Duquet y Alice Dumont, en 1977. Todos fueron representantes de ese sector de la Iglesia “que no claudicó ante las bandas fascistas, ni ante el poder militar o policial o político”, como menciona el texto de la demanda iniciada en 2012”. https://www.elargentinozn.com.ar/2017/10/30/el-obispado-de-san-isidro-sera-querellante-en-la-causa-de-pancho-soares-el-cura-

Pero estas eran las verdaderas actividades de “Pancho, el cura zapatero”, de acuerdo a un investigador de la Universidad Nacional de General Sarmiento:

“El compromiso social y el consecuente acercamiento a los sectores más vulnerables de la sociedad, revelaron la dimensión real de la marginación, la discriminación y la miseria que estos padecían. En general, aquellos sacerdotes que como Pancho, se involucraron con esta problemática, consideraron que los padecimientos de estos sectores eran producto de la injusticia y a su vez, la injusticia era vista como el resultado de decisiones políticas basadas en la defensa de intereses concretos. Por tanto las denuncias de aquellas injusticias estaban directamente vinculadas a un posicionamiento político ubicado en las antípodas del orden establecido. La contradicción queda claramente expresada en antagonismos tales como: Nación-Imperio; Pueblo – Antipueblo; Liberación o Dependencia.

Una ex militante política de la Juventud Peronista, de aquellos años, a quien entrevistamos, destacó que: Pancho no toleraba la injusticia, adhirió al ideario de Camilo Torres, cura colombiano que se incorporó a la guerrilla y murió en combate a mediados de los ’60. Pancho identificado con el peronismo de izquierda, sostenía que Evita era una verdadera revolucionaria y se decepcionó mucho cuando el gobierno peronista se derechizó… La parroquia era un sitio de reunión de la militancia (Testimonio de Marta; entrevista 19-08-2011).

Varios son los testimonios que dan cuenta de reuniones que jóvenes militantes, realizaban habitualmente, los días sábados en el predio parroquial. Algunos de ellos, más minuciosos coinciden en señalar, que en dependencias de la parroquia fue organizado el atentado realizado por un comando montonero, a la guardería náutica Río Reconquista. La decisión de colocar explosivos en dicha guardería obedeció, según lo testimoniado, al hecho de que el Comisario Villar guardaba su lancha en el ese sitio”. http://observatorioconurbano.ungs.edu.ar/Articulos%20y%20documentos/4-PONENCIA-MAGNE.pdf

Siempre consideré al obsecuente Ojea como un hombre responsable de sus actos y a Fassi como un tonto de capirote, cualidad que sin duda le habrá servido para ser obispo de la Iglesia posconciliar. Pero nunca supuse que fuesen semejantes idiotas útiles y tamaños mentirosos que tergiversan la historia.