PEQUEÑO APUNTE DEL DÍA

REPUGNANTES

El que tenga buen estómago -no es mi caso- que lea el repugnante comunicado de la Conferencia Episcopal sobre la cuestión del aborto, suscripto por Oscar Ojea, Mario Poli y Marcelo Colombo.

Ya lo leí y no quiero reelerlo. A mi edad, nada para pasar una mala noche.

http://www.aica.org/33250-episcopado-no-neguemos-los-derechos-humanos-mas-debiles-vulnerables.html

Créanme que se trata de un texto cobarde -firmado por cobardes, claro está- que no dice una palabra de lo que establece el Catecismo:

“2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1).

2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

«Dios […], Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables» (GS 51, 3).

2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can. 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

Más de una vez señalé -no fui el único, desde luego- que lo que Bergoglio intenta es borrar todo rastro de “legalidad”, “rigor” y “formalismo” en la Iglesia para seguir en adelante con su plan de demolición, que implica liquidar el mismo Catecismo de Juan Pablo II, por considerarlo una pieza de museo apta para retrógados.

Y conste que no tengo mucha simpatía por el Papa Wojtyla, desde el escándalo de Asís -¿cómo se lo pudo canonizar?- pero al menos en materia de moral natural estaba bien orientado.

De Jorge Mario Bergoglio, libera nos Dómine. Y también de los firmantes del comunicado: que el obsecuente Ojea sea el primero.