SAN ALFIE EVANS

Ciertamente, no alcanzan las palabras para describir el horror que significa la muerte de este chiquito católico de 23 meses, desconectado del respirador y asesinado pese a las protestas de los padres. Espanta la rebelión contra Dios, en nombre de “la ciencia” y “el derecho” y meten miedo las consecuencias que el crimen acarreará, que deben sumarse a los anuncios de Fátima. Pero consuela saber que desde ahora hay un ángel en el cielo para proteger y sostener a todos cuantos luchan duramente contra este mundo perverso. Alfie no los abandonará.

Sería ocioso ocuparse del juez infanticida Anthony Hayden, integrante de The Bar Lesbian and Gay Group (BLAGG),un poderoso lobby que apoya a “lesbianas, homosexuales, bisexuales y transexuales en todos los niveles” y coautor de “Children and Same Sex Families: A Legal Handbook”. De un degenerado no podía esperarse más que una sentencia degenerada.

En el crimen de Alfie hubo también partícipes necesarios, por omisión, al menos, y no sé si me quedo corto. Así, monseñor Malcolm Mc Mahon, obispo de Liverpool, que nunca visitó al enfermito y a sus padres, pero que encontró tiempo para volar a Roma para expresarle a Bergoglio toda su admiración por la atención del Alder Hey Hospital, admiración compartida por la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales. Mc Mahon se encargó, además, de presionar al arzobispo de Westminster, Vincent Nichols, para que expulsase al padre Gabriele Brusco quien se había presentado en el hospital para confortar a los padres y exhortar al personal a que cumpliese su misión de salvar la vida de Alfie. (Ver la carta de protesta sobre la conducta de los obispos de Jean Pierre Casey, sobrino de Dietrich Von Hildebrand, en https://www.lifesitenews.com/news/open-letter-uk-bishops-handling-of-alfie-evans-case-was-an-abject-failure)

¿Y que hizo Bergoglio? Es cierto que ofreció la asistencia del Hospital del Bambino Gesú y consiguió que se le otorgase la ciudadanía italiana a Alfie para que pudiese ser tratado allí. Es cierto también que el 4 de abril escribió en su cuenta de Twitter: “Espero de corazón que se haga todo lo necesario para poder seguir acompañando compasivamente al pequeño Alfie Evans, y que el profundo sufrimiento de sus padres sea escuchado. Estoy rezando por Alfie, por su familia y por todos los que están involucrados”. Pero Bergoglio podía haber hecho bastante más, mucho más. Por lo pronto, obrar sin vueltas -algo difícil para él- y condenar enérgica y públicamente con suficiente anticipación el abominable crimen que estaba por cometerse. Ante semejante intervención suya es muy probable que se lo hubiese impedido. Paradoja: Bergoglio se la pasa despotricando contra “los rígidos doctores de la ley”, pero en el caso de Alfie eligió callar. En esto días en que se festejó a Santa Catalina de Siena, le hubiese convenido recordar la carta que la gloriosa dominica escribió a Gregorio XI: “Valor, Padre mío. Sed hombre. Os digo que nada tenéis que temer… No seáis un niño tímido. Sed hombre, y tomad como dulce lo que es amargo… Obrad virilmente, que Dios está de vuestra parte”.

Pero eso es mucho para Bergoglio, que nunca va de frente.

Es mejor entonces pedir a San Alfie Evans que ruegue por nosotros.