EL ABORTO ES UN “TRAUMA” (para “la caterva de doctores”)

  “Porque vendrá tiempo en que los hombres no podrán sufrir la sana doctrina, sino que, teniendo una comezón extremada de oír doctrinas que lisonjeen su pasiones, recurrirán a una caterva de doctores propios, para satisfacer sus desordenados deseos”(,San Pablo, II Epístola a Timoteo,IV,3)

El 22 de abril califiqué de “repugnante” el comunicado sobre el aborto de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, pero no me alcanzan los insultos para hacerlo con el último. Me limito pues a transcribirlo, dejando, eso sí, constancia de que los firmantes se merecen, por el repudio público.(Son los monseñores Ojea,Poli,Lugones y Malfa)

“Ante el resultado de la votación en la Cámara de Diputados de la Nación, que dio media sanción al proyecto de ley de legalización del aborto, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina junto con Comisión Episcopal de Laicos y Familia (Celaf) emitió un comunicado.

La Cámara de Diputados de la Nación ha aprobado el proyecto de despenalización del aborto. Nos duele como argentinos esta decisión.

Pero el dolor por el olvido y la exclusión de los inocentes debe transformarse en fuerza y esperanza, para seguir luchando por la dignidad de toda vida humana.

Seguimos sosteniendo la necesidad que en el debate legislativo que continúa, pueda haber diálogo. La situación de las mujeres frente a un embarazo no esperado, la exposición a la pobreza, a la marginalidad social y la violencia de género, siguen sin tener respuesta. Simplemente se ha sumado otro trauma, el aborto. Seguimos llegando tarde.

Tenemos la oportunidad de buscar soluciones nuevas y creativas para que ninguna mujer tenga que acudir a un aborto. La Cámara de Senadores puede ser el lugar donde se elaboren proyectos alternativos que puedan responder a las situaciones conflictivas, reconociendo el valor de toda vida y el valor de la conciencia.

Es necesario un diálogo sereno y reflexivo para responder a estas situaciones. Vivir el debate como una batalla ideológica nos aleja de la vida de las personas concretas. Si sólo buscamos imponer la propia idea o interés y acallar otras voces, seguimos reproduciendo violencia en el tejido de nuestra sociedad.

Como Pastores, este último tiempo nos ha servido para reconocer debilidades en nuestra tarea pastoral: la educación sexual integral en nuestras instituciones educativas, el reconocimiento más pleno de la común dignidad de la mujer y el varón, y el acompañamiento a las mujeres que se ven expuestas al aborto o que han sido atravesadas por dicho trauma. Todas estas son llamadas de la realidad que nos convocan a una respuesta como Iglesia.

Queremos agradecer a todas las personas que, con auténtico respeto hacia el otro, han expresado sus ideas y convicciones aunque hayan sido distintas a las nuestras.

Valoramos la honestidad y valentía de todos aquellos que en distintos ambientes de la sociedad han sostenido que vale toda vida y, de un modo particular, a los legisladores que han expresado esta mirada.

Con humildad y coraje, nos proponemos seguir trabajando en el servicio y el cuidado de la vida.

Que María de Luján, que conoció la incertidumbre de un embarazo inesperado, interceda por el Pueblo argentino, especialmente por todas las mujeres que esperan un hijo, y por todos los niños y niñas que están en el vientre de su madre.

Buenos Aires, 14 de junio de 2018

Comisión Ejecutiva -Comisión Episcopal de Laicos y Familia (CELAF)”

Paso por alto la referencia a la Santísima Virgen, que por sí sola merecería una garroteada larga y exclusiva- solamente quiero destacar que para estos sujetos el aborto ya no es más un crimen abominable que clama al cielo- penado con excomunión- sino un mero “trauma”, penado con excomunión. Es decir han dejado atrás el mismo Catecismo que la CEA editó en 1993(No es casual: con el bergoglismo ya está “superado”. Ya vendrá otro más “inclusivo”)

Es un sancocho de sociología barata(“olvido y exclusión de los inocentes: el aborto es bastante más que eso),con uso del lenguaje del enemigo(“violencia de género”), expresiones blandengues que ocultan la malicia especial del aborto: “vale toda vida”, más el reclamo de la educación sexual, reprobada categóricamente por Pío XI) y del “valor de la conciencia”(¿concesión al protestantismo?)

La lucha contra el aborto debe seguir y más firmemente que nunca. Uno de los próximos pasos debería ser el escrache contra “la caterva de doctores” .Allí espero estar, aerosol y rosario en mano.

Notas catapúlticas

1)En la “Jornada de Ayuno y Oración” se menciona a “aquellos que ven su dignidad vulnerada”. Es algo más que “dignidad vulnerada”:¡es la vida inocente!

2)Estos cobardes ni siquiera  se han animado a citar a Juan Pablo II-otro “superado”- cuando con la Evangelium vitae señaló:

“…la vida social se adentra en las arenas movedizas de un relativismo absoluto. Entonces todo es pactable, todo es negociable: incluso el primero de los derechos fundamentales, el de la vida.

“…el derecho originario e inalienable a la vida se pone en discusión o se niega sobre la base de un voto parlamentario o de la voluntad de una parte —aunque sea mayoritaria— de la población. Es el resultado nefasto de un relativismo que predomina incontrovertible: el « derecho » deja de ser tal porque no está ya fundamentado sólidamente en la inviolable dignidad de la persona, sino que queda sometido a la voluntad del más fuerte. De este modo la democracia, a pesar de sus reglas, va por un camino de totalitarismo fundamental. El Estado deja de ser la « casa común » donde todos pueden vivir según los principios de igualdad fundamental, y se transforma en Estado tirano, que presume de poder disponer de la vida de los más débiles e indefensos, desde el niño aún no nacido hasta el anciano, en nombre de una utilidad pública que no es otra cosa, en realidad, que el interés de algunos. Parece que todo acontece en el más firme respeto de la legalidad, al menos cuando las leyes que permiten el aborto o la eutanasia son votadas según las, así llamadas, reglas democráticas. Pero en realidad estamos sólo ante una trágica apariencia de legalidad, donde el ideal democrático, que es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda persona humana, es traicionado en sus mismas bases: « ¿Cómo es posible hablar todavía de dignidad de toda persona humana, cuando se permite matar a la más débil e inocente? ¿En nombre de qué justicia se realiza la más injusta de las discriminaciones entre las personas, declarando a algunas dignas de ser defendidas, mientras a otras se niega esta dignidad? ». Cuando se verifican estas condiciones, se han introducido ya los dinamismos que llevan a la disolución de una auténtica convivencia humana y a la disgregación de la misma realidad establecida.

Reivindicar el derecho al aborto, al infanticidio, a la eutanasia, y reconocerlo legalmente, significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás. Pero ésta es la muerte de la verdadera libertad: « En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo » (Jn 8, 34).