IMPLOSIONA EL BERGOGLIATO

Creo que la causa mediata de los actuales padecimientos de la Iglesia es el modernismo, condenado pero no extirpado por la Pascendi de San Pío X. Tanto fue así, que no muchos años después Pío XII tuvo publicó la Humani generis, y no fue distinto el resultado: a pesar de la condena, la herejía subsistió.

Una prueba contundente de que el modernismo estaba vivito y coleando fue su capacidad para instrumentar la fatal convocatoria del Concilio Vaticano II y para manejar al Papa Roncalli, que de santo tenía poco y nada. Capacidad evidenciada en la nefasta reforma litúrgica de Paulo VI- también próximo “santo”- que suprimió el venerable rito tridentino. (¡Gracias, muchas gracias, monseñor Marcel Lefebvre, por tu gloriosa y fecunda resistencia!)

Los frutos de ese Concilio antropocéntrico -sigo devotamente al inolvidable monseñor Brunero Gherardini- están a la vista: la apostasía a gran escala de obispos y sacerdotes. (¿Cuántos habrá que no la manifestaron todavía?).

Por otra parte, era verdad de Perogrullo que el relajamiento doctrinal, implícito o explícito en el Vaticano II, conduciría inexorablemente al relajamiento moral.

Pero está claro que la brutal descomposición que sufrimos hoy tiene a Jorge Mario Bergoglio como su directo y mayor responsable, gracias a sus desvaríos de toda clase. Y en cuanto a la lepra de la homosexualidad, fue su célebre y espantoso ¿Quién soy para juzgar? el causante de que se abriesen las cajas de Pandora que escondían a una larga caterva de viciosos. Hubo que esperar a que un valiente como monseñor Viganó se atreviese a denunciar su complicidad con la protección de los degenerados, y me refiero a la protección pasada -caso Maccarone, por ejemplo- y a la presente. Si basta ver la cara de algunos obispos -especialmente uno que yo me sé- para darse cuenta de que la red de maricas es amplísima.

Cuando San Pedro y los tripulantes de su barca estaban aterrorizados por la tempestad, Nuestro Señor dormía, pero apenas se despertó dominó a los vientos.

Habrá que esperar con paciencia a que se despierte de nuevo. No desesperemos y sigamos luchando si dar ni pedir cuartel. Mientras tanto, sigamos contemplando estupefactos la implosión del bergogliato.

Notas catapúlticas

1)Es lamentable que las obras de monseñor Gherardini no tengan edición castellana. De todos modos, no es tan difícil de leer y traducir el italiano. Y lo mismo digo de la documentadísima historia del Vaticano II, escrita por Roberto de Mattei. Reproche que le hago a los amigos católicos “conservadores”, porque parecerían no estar muy interesados en ir al fondo de las cosas.

2)La designación y permanencia del sodomita Maccarone como profesor emérito de la Universidad Católica Argentino, no se explica sin la protección de Bergoglio.