UNA ADVERTENCIA DEL PADRE MEINVIELLE SOBRE EL VATICANO II

El peligro de abuso de los enemigos de la Iglesia

“La Iglesia tiene enemigos, y los tiene muy poderosos. Y tiene enemigos sobrenaturales, con visión sobrenatural de la Iglesia . Ya lo dice el Apóstol: «no es nuestra lucha contra la carne y la sangre, sino contra los principados contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires»(Efesios,16,12). Y en la tierra hay enemigos de la Iglesia con visión diabólica. Y estos enemigos, los mismos que edifican la Contra-se proponen utilizar en la medida de lo posible a elementos de la Iglesia misma en la edificación de su ciudad de la Contra Iglesia. Y lo que, en el plano de la Iglesia es un acomodamiento misericordioso a la debilidad del hombre actual, en el plano de la Contra-Iglesia puede ser mirado como la victoria en contra de la Iglesia y punto de partida para otras y nuevas victorias. Porque el enemigo-y el progresismo cristiano va en esto a la zaga de los enemigos de la Iglesia-, va a tratar de aprovechar este misericordioso acto de la Iglesia como una victoria que autoriza a ablandar el catolicismo y, en consecuencia, a rechazarlo en su formulación «tradicional», «integra», «romana», «tomista». Se va a tratar entonces de utilizar esta actitud de apertura de la pastoral de la Iglesia hacia el hombre moderno para demoler y deshacer ese bastión representado por el catolicismo «tradicional» y «romano».

Y sólo Dios sabe los incalculables males que puedan derivarse de aquí para mengua de la acción de la Santa Iglesia. Porque si es verdad que la Iglesia tiene promesas de indefectibilidad en su núcleo y en su misión esencial, nadie puede conocer las profundidades a dónde puede llegar, bajo la acción permisiva divina, del Mysterium iniquitatis.(2 Tesalónicos,2,17)

El Misterio de la Pasión de la Iglesia

Cuáles sean los planes con respecto al curso de la Iglesia es un misterio insondable que sólo Dios conoce. Pero así como Cristo conoció su divina pasión y muerte, que dió vida al mundo, así también la Iglesia puede conocer días oscuros de Pasión. Es muy difícil determinar si los decretos del Concilio Vaticano II a inaugurar una era de esplendor para la Iglesia, y que haga llegar su influencia salvadora a los pueblos, o, en cambio, haya de abrir un tiempo de oscuridad y recesión bajo el poder también misterioso de sus poderosos enemigos. Ambas posibilidades están en manos de Dios. Si hemos de apreciar con criterio humano, hemos de decir que este optimismo de la corriente progresista que embarga hoy a muchos y lo llena de frenético y razonable entusiasmo, no parece ser síntoma halagüeño. Porque en esta apertura de la verdad hacia formas más amplias y menos severas de contenido y de expresión, lo razonable, dada la mala voluntad de un Enemigo con gran poder en los medios de comunicación, es que la Verdad pierda y no consiga en cambio nada que la favorezca. La Iglesia, Esposa legítima de Jesucristo, puede estar expuesta a un peligroso parangón con fámulas de orden inferior, si los ojos que han de ser la estimación son también de rango inferior. Además que la saludable voluntad de la Iglesia para un clima de leal libertad religiosa puede ser utilizada en manos de un Enemigo poderoso justamente en contra de la Verdad religiosa y la Cátedra Romana, única Verdad que tiene derecho nato a la más total libertad.

Si los hombres y el Mundo fueran de buena voluntad, el problema no sería de solución tan difícil y ni siquiera se plantearía. Pero la historia nos dice que hay que contar con la mala voluntad del hombre. La historia de la Pasión de Cristo-el Evangelio-documenta esta mala voluntad del hombre. Porque, frente a la divinidad del Señor, frente a las obras que testimoniaban esa Divinidad, frente a la Luz que resplandecía a borbotones “los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (Juan,3,19).

Lo que ha pasado en la Pasión del Señor ha quedado como paradigma para el futuro “el discípulo no está sobre el maestro”(Mateo,10,40). Si la Iglesia no cuida con severidad su integridad interna de doctrina y de costumbres y si, para abrirse a los muchos, aligera su patrimonio propio, puede que deje de escuchar las palabras del Apóstol a Timoteo, que le previene contra los falsos doctores. Y este es el peligro más inminente que se le presenta hoy a la Iglesia

(La Iglesia y el mundo moderno-El progresismo en Congar y otros teólogos recientes, Ediciones Theoría, Buenos Aires,1966,págs.279-281-Los subtítulos son del Padre)

Nota catapúltica

El libro fue escrito poco tiempo después del clausura del Vaticano II, Concilio que el Padre Julio recibió con bastante desconfianza, aunque nunca lo rechazó públicamente del todo, llevado seguramente por un resto -o “restito”- de esperanza y su enorme amor a la Iglesia. Lo único que recuerdo de aquellos tiempos son sus duros juicios sobre Juan XXIII y Paulo VI, que no eran en absolutos santos de su devoción, especialmente el último. Pero su condición de “sabueso” fiel y de “martillo de herejes”, no la perdió nunca, como lo prueba el texto que seleccioné.