COMPARACIÓN

Compare el lector las dos miradas. La serena y limpia es la del Doctor Angélico, gloria de la Iglesia,  cuya doctrina divinamente inspirada fue el alimento de muchos santos.

La otra es la del innombrable narcisista y taimado, que odia la doctrina “rígida” y a los “cuenta rosarios”,  y cuya prédica insensata y disolvente es la pócima diaria de resentidos y revolucionarios.

Que Dios se lo lleve cuanto antes. Y basta por hoy.