DEGRADACIÓN

Hace ya un punta de años, a los estudiantes de abogacía se nos recomendaba leer un excelente librito del inglés R.H. Barrow titulado “Los romanos”, para aliviar un tanto el árido Tratado Elemental de Derecho de  Eugène Petit y afrontar con menor dificultad el temido examen de la materia, porque a veces las preguntas de los profesores iban más allá de lo estrictamente jurídico.

Una de las cosas de Barrow que siempre recuerdo es la mención a la gravitas, es decir la dignidad y la seriedad exenta de toda frivolidad, una de las antiguas virtudes romanas que la sociedad más apreciaba.

Pasaron, como digo, muchos pero muchos años: ya son más de sesenta, y nunca dejé de estimar a la gravitas, como condición necesaria para el ejercicio de los puestos más importantes. Un ejemplo acabado fue Pío XII, que se imponía por su sola presencia.

Pero lamentablemente esos tiempos se acabaron y hoy nos topamos con Jorge Mario Bergoglio, corroído por un malsano igualitarismo que ha degradado por completo el cargo que ocupa. Desde reclamar que se lo llame simplemente Jorge, hasta permitir que la Cerda Madre Bonafini lo tutee. Todo sea para seguir disfrazando su falsa humildad, una de las formas más sutiles del orgullo.

Y basta la foto, donde se lo ve con el casco de una tribu de Nagaland, un estado de la India.

Desde luego, no es lo único que Bergoglio ha degradado y se podrían agregar bastantes más fotos. Más grave es, sin duda, Amoris laetitia. Pero una cosa no se explica sin la otra.

Nota catapúltica

La foto está bajada de https://www.traditioninaction.org/RevolutionPhotos/A843-Naga.htm