BESTIARIO AMAZÓNICO

1)Después de dos días de círculos menores, la Comisión de Información del Sínodo decidió dedicar la sesión informativa a temas relacionados con la formación, «de servidores del pueblo», agrega Monseñor Rafael Cob García, quien en Ecuador es el Vicario Apostólico de Puyo. Para él, la palabra clave para la formación de los futuros sacerdotes y agentes de pastoral en la Amazonía «es inculturación: llevar el Evangelio a las culturas que debemos evangelizar. Es difícil, y para ello son necesarios sacerdotes y diáconos indígenas”. Desgraciadamente, admite Monseñor Cob García, “son pocos los seminaristas indígenas que llegan al sacerdocio», porque los docentes de los seminarios de la ciudad tienen una base cultural diferente, «y muchos jóvenes pobres se desaniman y abandonan». Y además los jóvenes seminaristas indígenas y los ancianos de sus comunidades no entienden «la norma canónica del celibato sacerdotal».

El problema, explica el vicario de Puyo, es que faltan docentes preparados «para una formación inculturada y no es bueno trasladar a los seminaristas a otras ciudades». Por eso el sueño «es crear seminarios amazónicos, con una formación diferente desde el punto de vista académico y práctico» y tener formadores que ya vivan en el lugar y conozcan la realidad amazónica. «Deben conocer la lengua de las comunidades indígenas, compartir su vida cotidiana, contemplar y dejarse interrogar por lo que viven. Para entender cómo celebrar, para una liturgia inculturada, deben conocer símbolos y signos de las culturas indígenas”.

«Para formar sacerdotes misioneros, el seminario ya no es el lugar adecuado», afirma monseñor Adriano Ciocca Vasino, obispo prelado de São Félix, Brasil. «Por eso hemos iniciado una experiencia alternativa para formar sacerdotes con una teología que sepa mostrar a Dios al pueblo, un Dios presente en su vida. Desde hace siete años en esta diócesis del sur de la Amazonia, nacida de la experiencia de las comunidades de base

“Los candidatos al diaconado deben trabajar para mantenerse, insertarse en una comunidad como miembros, no como medios sacerdotes, con una casa en la que vivir y la comunidad, después de 4 años, nos dice si es idóneo o no y yo puedo ordenarlo. También tengo mujeres que están haciendo el camino, algunas ya son teólogas: saben que si con el Sínodo y el documento del Papa se abrirá al diaconado femenino, las ordenaré diáconas, si la comunidad en la que han servido es favorable».

“El Sínodo para la Amazonía puede ser una oportunidad para que la Iglesia se asegure de que la ecología integral entre de manera orgánica en el discurso teológico, ampliando el ámbito de la moral cristiana, la antropología teológica y la exégesis, introduciendo los pecados contra el medio ambiente y el planeta». «Toda la eclesiología debe ser repensada – señala el obispo ítalo-brasileño – integrando el concepto de ecología integral: sería una gran ampliación de la perspectiva eclesiológica. El Sínodo en curso podría ser el punto de partida para el estudio, la reflexión y el cambio de mentalidad. Y luego también se puede pensar en modificar el Código de Derecho Canónico”

3) “Reformular el curso de estudios de los futuros sacerdotes, en los seminarios, es la propuesta de la Hermana Zully Rosa Rojas Quispe, de las Hermanas Dominicas Misioneras del Santo Rosario, miembro del equipo itinerante «Bajo Madre de Dios», comprometido en la pastoral indígena del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, Perú. «La formación de los seminaristas –señala la religiosa- se limita a la filosofía y no a la sabiduría ancestral y al aprendizaje de las muchas lenguas de los pueblos de la Amazonía”.

4) “Uno de los dos diáconos presentes en el Sínodo para la Amazonia, Francisco Andrade de Lima, secretario ejecutivo Regional Norte de la Conferencia Episcopal de Brasil, también se refiere al diaconado femenino para decir que no ve ningún problema con la posibilidad de que las mujeres ejerzan su mismo ministerio, “pero a partir de la vocación y misión de la Iglesia Amazónica, y no simplemente para compensar la falta de personas para dirigir la comunidad». «Estoy casado, tengo dos hijas – aclara el diácono, nacido en una comunidad indígena del Río Solimões – y mi familia me acompaña en todo mi ministerio».

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