“QUERIDA AMAZONIA”: UNA EXHORTACIÓN PARA LA REVOLUCIÓN SOCIAL (con cita de un poeta guevarista)

Penosa tarea fue la lectura de este texto de Bergoglio, farragoso y ambiguo por donde se lo mire. Más allá de que para algunos amigos signifique no se ordenará a los viri probati y a las mujeres-para mí es solo un retroceso táctico-creo que se mantiene en pie su proyecto de revolución social, alentada por plutócratas opuestos a la soberanías nacionales y por la jerarquía cismática alemana, soporte financiero del Vaticano. Me remito a los siguientes párrafos:

  1. Nuestro sueño es el de una Amazonia que integre y promueva a todos sus habitantes para que puedan consolidar un “buen vivir”. Pero hace falta un grito profético y una ardua tarea por los más pobres. Porque, si bien la Amazonia enfrenta un desastre ecológico, cabe destacar que «un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres»[1]. No nos sirve un conservacionismo «que se preocupa del bioma pero ignora a los pueblos amazónicos»[2].
  2. Los intereses colonizadores que expandieron y expanden —legal e ilegalmente— la extracción de madera y la minería, y que han ido expulsando y acorralando a los pueblos indígenas, ribereños y afrodescendientes, provocan un clamor que grita al cielo:

«Son muchos los árboles/donde habitó la tortura/y vastos los bosques/comprados entre mil muertes»[3].

«Los madereros tienen parlamentarios/y nuestra Amazonia ni quién la defienda […]/Exilian a los loros y a los monos […]/Ya no será igual la cosecha de la castaña»[4].

(La llamada (4) corresponde al poema de Jorge Vega Márquez, «Amazonia solitaria», publicado en  Poesía obrera, Cobija-Pando-Bolivia 2009.En la nota catapúltica se reproduce el poema de Vega Márquez al Che Guevara)

  1. En el momento actual la Iglesia no puede estar menos comprometida, y está llamada a escuchar los clamores de los pueblos amazónicos «para poder ejercer con transparencia su rol profético».[19] Al mismo tiempo, ya que no podemos negar que el trigo se mezcló con la cizaña y que no siempre los misioneros estuvieron del lado de los oprimidos, me avergüenzo y una vez más «pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América»[20] y por los atroces crímenes que siguieron a través de toda la historia de la Amazonia.
  2. La lucha social implica una capacidad de fraternidad, un espíritu de comunión humana. Entonces, sin disminuir la importancia de la libertad personal, se evidencia que los pueblos originarios de la Amazonia tienen un fuerte sentido comunitario.
  3. La Amazonia debería ser también un lugar de diálogo social, especialmente entre los distintos pueblos originarios, para encontrar formas de comunión y de lucha conjunta.
  4. Esta inculturación, dada la situación de pobreza y abandono de tantos habitantes de la Amazonia, necesariamente tendrá que tener un perfume marcadamente social y caracterizarse por una firme defensa de los derechos humanos, …y esto implica para las comunidades cristianas un claro compromiso con el Reino de justicia en la promoción de los descartados. Para ello es sumamente importante una adecuada formación de los agentes pastorales en la Doctrina Social de la Iglesia.
  5. Las comunidades de base, cuando supieron integrar la defensa de los derechos sociales con el anuncio misionero y la espiritualidad, fueron verdaderas experiencias de sinodalidad en el caminar evangelizador de la Iglesia en la Amazonia. Muchas veces «han ayudado a formar cristianos comprometidos con su fe, discípulos y misioneros del Señor, como testimonia la entrega generosa, hasta derramar su sangre, de tantos miembros suyos»[137].

El documento finaliza con una invocación demagógica a la Santísima Virgen, del mismo Bergoglio:

“Madre, mira a los pobres de la Amazonia,/porque su hogar está siendo destruido/por intereses mezquinos.

¡Cuánto dolor y cuánta miseria,/cuánto abandono y cuánto atropello/en esta tierra bendita,/desbordante de vida!

Toca la sensibilidad de los poderosos/porque aunque sentimos que ya es tarde nos llamas a salvar/lo que todavía vive.

Madre del corazón traspasado/que sufres en tus hijos ultrajados/y en la naturaleza herida,/reina tú en la Amazonia/junto con tu hijo.

Reina para que nadie más se sienta dueño/de la obra de Dios”.

Al solo efecto de que nada falta en el matete de “Querida Amazonia”,copio dos párrafos de corte panteísta-teilhardiano:

  1. Aprendiendo de los pueblos originarios podemos contemplar la Amazonia y no sólo analizarla, para reconocer ese misterio precioso que nos supera. Podemos amarla y no sólo utilizarla, para que el amor despierte un interés hondo y sincero. Es más, podemos sentirnos íntimamente unidos a ella y no sólo defenderla, y entonces la Amazonia se volverá nuestra como una madre.

La inculturación de la liturgia

  1. La inculturación de la espiritualidad cristiana en las culturas de los pueblos originarios tiene en los sacramentos un camino de especial valor, porque en ellos se une lo divino y lo cósmico, la gracia y la creación. En la Amazonia no deberían entenderse como una separación con respecto a lo creado. Ellos «son un modo privilegiado de cómo la naturaleza es asumida por Dios y se convierte en mediación de la vida sobrenatural»[114]. Son una plenificación de lo creado, donde la naturaleza es elevada para que sea lugar e instrumento de la gracia, para «abrazar el mundo en un nivel distinto»[115].

Que Dios abrevie las penas del Purgatorio a todos cuantos nos animamos a leer al indigerible Jorge Mario Bergoglio.

Nota catapúltica.

Este el verso (¿?) de Vega Márquez aparecido en Poesía obrera:

COMANDANTE CHÉ

“Tendré que marchar al monte/Para rastrear y encontrar tu refugio,/Y a ras del suelo, la flor que encuentre,/Alumbrará el sendero para saludarte,

Y cada estrella en el firmamento/Será la señal de combate y de aliento,/Y en cada quebrada que use como trinchera/Encontraré tu sonrisa a flor de tierra,

Y en cada arroyo que calme mi sed ardiente./Hallaré tu voz de mando serena y valiente,/Pero jamás tu memoria de Revolucionario/Olvidaré hasta la hora del encuentro”

(El libro está dedicado “A Marcelo Quiroga Santa Cruz, Con quién quedó pendiente una reunión/Desde aquella tarde del 17 de Julio 1980.

/Algún día volveremos a encontrarnos/Y como buenos socialistas,/Comentaremos del triunfo/ De la Revolución”. http://amazonianew.blogspot.com/p/blog-page_7.html