ACOTACIONES SOBRE JUAN XXIII (1)

LA APERTURA AL COMUNISMO

Monseñor Brunero Gherardini en Concilio Vaticano-Il discorso mancato ,uno de sus indispensables libros para entender la crisis de la Iglesia, emite un juicio muy interesante sobre Juan XXIII : “Parece que en él cohabitaron juntos el “progresista” y el tradicionalista: el desarrollo de su existencia, sus sucesivas sus elecciones y  sus actos de gobierno comprueban una tal cohabitación. Doble juego…Rechazo incluso pensarlo. No puedo rechazar, sin embargo, la impresión de una personalidad enigmática”. Y es lo menos que puede decirse del Papa buono, como se verá.

Por lo pronto, en el discurso de apertura del Vaticano II, sostuvo, con una dosis de insano optimismo impropio de un pastor prudente:

“En el cotidiano ejercicio de Nuestro ministerio pastoral llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida, y como si en tiempo de los precedentes Concilios Ecuménicos todo hubiese procedido con un triunfo absoluto de la doctrina y de la vida cristiana, y de la justa libertad de la Iglesia.

Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados”. http://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/speeches/1962/documents/hf_j-xxiii_spe_19621011_opening-council.html

(La última frase tiene cierto sabor gnóstico:¿Qué serían esos “planes superiores e inesperados”, “obra misma de los hombres, “aún por encima de sus mismas intenciones”?

Y en los parágrafos finales de la Mater et Magistra remachó su imprudencia:

“158. Importa distinguir siempre entre el error y el hombre que lo profesa, aunque se trate de personas que desconocen por entero la verdad o la conocen sólo a medias en el orden religioso o en el orden de la moral práctica.

  1. En segundo lugar, es también completamente necesario distinguir entre las teorías filosóficas falsas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre y las corrientes de carácter económico y social, cultural o político, aunque tales corrientes tengan su origen e impulso en tales teorías filosóficas. Porque una doctrina, cuando ha sido elaborada y definida, ya no cambia. Por el contrario, las corrientes referidas, al desenvolverse en medio de condiciones mudables, se hallan sujetas por fuerza a una continua mudanza. Por lo demás, ¿quién puede negar que, en la medida en que tales corrientes se ajusten a los dictados de la recta razón y reflejen fielmente las justas aspiraciones del hombre, puedan tener elementos moralmente positivos dignos de aprobación?
  2. Por las razones expuestas, puede a veces suceder que ciertos contactos de orden práctico que hasta ahora parecían totalmente inútiles, hoy, por el contrario, sean realmente provechosos o se prevea que pueden llegar a serlo en el futuro. Pero determinar si tal momento ha llegado o no, y además establecer las formas y las etapas con las cuales deban realizarse estos contactos en orden a conseguir metas positivas en el campo económico y social o en el campo cultural o político, son decisiones que sólo puede dar la prudencia, virtud moderadora de todas las que rigen la vida humana, así en el plano individual como en la esfera social. Por lo cual, cuando se trata de los católicos, la decisión en estas materias corresponde principalmente a aquellas personas que ocupan puestos de mayor influencia en el plano político y en el dominio específico en que se plantean estas cuestiones. Sólo se les impone una condición: la de que respeten los principios del derecho natural, observen la doctrina social que la Iglesia enseña y obedezcan las directrices de las autoridades eclesiásticas.
  3. No faltan en realidad hombres magnánimos que, ante situaciones que concuerdan poco o nada con las exigencias de la justicia, se sienten encendidos por un deseo de reforma total y se lanzan a ella con tal ímpetu, que casi parece una revolución política.
  4. Queremos que estos hombres tengan presente que el crecimiento paulatino de todas las cosas es una ley impuesta por la naturaleza y que, por tanto, en el campo de las instituciones humanas no puede lograrse mejora alguna si no es partiendo paso a paso desde el interior de las instituciones”.

(Pacem in terris es del 11 de abril de 1963.Hacía poco más de un mes, el 7 de marzo, que Juan XXIII había recibido en su estudio privado del Vaticano a Alexej Adjubei, yerno del líder soviético Nikita Kruscev, y su esposa Rada. Rada estaba emocionada y feliz y dijo al Papa: “Usted tiene las manos grandes y fuertes como los campesinos, igual que mi padre”. https://www.papagiovanni.com/sito/es/vida/fechas/8-vita/152-udienza-al-genero-di-kruscev-es.html

Por esos años, el comunismo soviético era un superpoder ideológico y militar que fomentaba la revolución armada contra los gobiernos que se le oponían, en mayor o menor medida. Desde luego, ese hecho no podía ser ignorado por la Iglesia, que disponía de la documentación suficiente, que alertaba sobre la creciente penetración marxista en la Iglesia. Ya Pío XII había condenado la “Nueva Teología” en la Humani generis y también la experiencia de los curas obreros.

Por su parte, Pío XI en la Divini Redemptoris había dicho que “el comunismo es intrísecamente malo, y no se puede admitir que colaboren con el comunismo en terreno alguno los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana

Lo más notable, si se quiere, es que poco tiempo antes, en 1949,el Santo Oficio, consultado sobre “si era lícito inscribirse en los partidos comunistas o favorecerlos”, respondió  negativamente “porque el comunismo es materialista y anticristiano, y sus jefes, aunque de palabra digan algunas veces que ellos no combaten la religión, sin embargo de hecho o con la doctrina, o con las obras, se muestran enemigos de Dios, de la verdadera religión y de la Iglesia de Jesucristo.

En cuanto a“ si era  lícito publicar, propagar o leer libros, periódicos, diarios, folletos, etc. que favorezcan la doctrina y las actividades comunistas o escribir en ellos, la respuesta fue: “No, como cosa que está prohibida por el derecho mismo” ,advirtiendo además que “los fieles que profesan la doctrina comunista y principalmente los que la defienden y propagan, incurrían ipso facto f en la excomunión reservada especialmente a la Sede Apostólica, como apóstatas de la fe católica.

Es decir que Juan XXIII pasó completamente por alto las enseñanzas del Magisterio y abrió las puertas de la Iglesia al comunismo. Se quedó corto el gran Gherardini: Juan XXIII practicaba un fatal doble juego y los resultados están a la vista, con el bergoglismo (des) gobernando a una Iglesia exánime.