UNA GUÍA PARA EL BUEN COMBATE

En estos tiempos difíciles y oscuros  es imperioso buscar con ahinco la luz de la Verdad; tiempos en que. para colmo de males, se nota la ausencia de los maestros seguros que iluminaron el camino de nuestra lejana juventud. Bienvenido ,entonces, este libro del inolvidable doctor Raúl Antonio Devoto, que constituye, por otra parte, el valioso testamento intelectual de un sabio y de un militante de las mejores causas. Más aún: se trata de una guía para el buen combate que todos los católicos fieles estamos obligados a librar, frente a toda clase de peligros y adversidades de la así llamada Posmodernidad, cuyos errores y desviaciones han deformado la mentalidad del hombre contemporáneo, según describe el autor con vigor y claridad.

Triste, muy triste, es decirlo pero estos males están enquistados en la misma Iglesia, cada día más parecida a una ONG, subyugada por los Objetivos del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, cuyos gurúes como el abortista Jeffrey Sachs son visitantes habituales del Vaticano.

El enemigo está señalado taxativamente por el doctor Devoto: «el siniestro proceso de destrucción de la actual sociedad para reemplazarlo por un Nuevo Orden según el cual, en un mundo globalizado, en un Estado Homogéneo Universal, un Gobierno Central Todopoderoso dictaminará lo que cada Estado Nacional (prácticamente desaparecido como tal) deberá ejecutar o dejar de hacer».

Pero leer este libro para después comentarlo con los amigos, repantigado en un cómodo sillón, no basta. Hay que ponerse en campaña, pues, sacudiendo toda clase de indiferencia y temor, porque estamos en una guerra sin cuartel  contra la vida y la familia.

Que se nos graben estas hermosas consignas del santo obispo de Angers Monseñor Charles-Émile Freppel: “Dios, de quien somos y para quien vivimos, no nos manda vencer sino combatir. El honor de una vida, así como su verdadero mérito, consisten en poder repetir hasta el fin aquellas palabras del divino Maestro: «Lo que debimos hacer, lo hicimos» (Lc 17,10). El resto hay que dejarlo en manos de Dios, que da la victoria o que permite la derrota, y que hace contribuir a una y a otra al cumplimiento de sus eternos e impenetrables designios.»

Es pertinente destacar, por último, que el trabajo del doctor Devoto fue escrito hace muchos años, cuando este proceso verdaderamente diabólico apenas se insinuaba. No hay que extrañarse: los limpios y sencillos de corazón ven lejos.

Y sencillo y limpio de corazón fue cabalmente el doctor Devoto. Es entonces legítimo presumir, en la Esperanza, de que ya cante para siempre las misericordias del Señor. Honremos su entrañable memoria pasando a la acción, que milicia es la vida del hombre sobre la tierra.