BESTIARIO BERGOGLISTA (77)

Agradeciéndole que me haya ahorrado la ingrata tarea de leer la chorrada completa, escribe el buen amigo Yves Daoudal en su blog:

Una obra maestra del delirio ecolo-vaticanesco, publicada por la novísima Academia por la Vida que, como se sabe, no tiene nada que ver con lo que quería Juan Pablo II. El documento se titula “Humana communitas: meditaciones intempestivas sobre el renacer de la vida”. Por cierto, ”intempestivas” quiere decir que se garantiza que sean reflexiones 100% política y pontificalmente correctas.. He aquí un extracto que dispensa de leer el resto:

 “La epidemia del Covid-19 tiene mucho que ver con nuestra depredación de la tierra y el despojo de su valor intrínseco. Es un síntoma del malestar de nuestra tierra y de nuestra falta de atención; más aún, un signo de nuestro propio malestar espiritual (Laudato Si’, n. 119). ¿Seremos capaces de colmar el foso que nos ha separado de nuestro mundo natural, convirtiendo con demasiada frecuencia nuestras subjetividades asertivas en una amenaza para la creación, una amenaza para los demás?

Consideremos la cadena de conexiones que unen los siguientes fenómenos: la creciente deforestación empuja a los animales salvajes a aproximarse del hábitat humano. Los virus alojados en los animales, entonces, se transmiten a los humanos, exacerbando así la realidad de la zoonosis, un fenómeno bien conocido por los científicos como vehículo de muchas enfermedades. La exagerada demanda de carne en los países del primer mundo da lugar a enormes complejos industriales de cría y explotación de animales. Es fácil ver cómo estas interacciones pueden, en última instancia, ocasionar la propagación de un virus a través del transporte internacional, la movilidad masiva de personas, los viajes de negocios, el turismo, etc.

El fenómeno del Covid-19 no es sólo el resultado de acontecimientos naturales. Lo que ocurre en la naturaleza es ya el resultado de una compleja intermediación con el mundo humano de las opciones económicas y los modelos de desarrollo, a su vez “infectados” con un “virus” diferente de nuestra propia creación: es el resultado, más que la causa, de la avaricia financiera, la autocomplacencia de los estilos de vida definidos por la indulgencia del consumo y el exceso. Hemos construido para nosotros mismos un ethos de prevaricación y desprecio por lo que se nos da, en la promesa elemental de la creación. Por eso estamos llamados a reconsiderar nuestra relación con el hábitat natural. Para reconocer que vivimos en esta tierra como administradores, no como amos y señores”. http://yvesdaoudal.hautetfort.com/

Nota catapúltica:

El capo máximo de la Academia es el perdulario monseñor Vincenzo Paglia, que, por sus innumerables tropelías, es un viejo conocido de esta página.