UN NUEVO ATAQUE AL SACERDOCIO MINISTERIAL

El capítulo IX de la reciente Instrucción “La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia se da un paso más para una equiparación del sacerdocio ministerial con el “sacerdocio del pueblo de Dios”, conforme a la líneas directrices de la farragosa Constitución conciliar Lumen Gentium, a pesar de las mínimas  salvedades tácticas, necesarias para encubrir la maniobra y no alertar a los fieles de buena fe. Copio algunas parágrafos:

  1. Además de la colaboración ocasional, que toda persona de buena voluntad – incluso los no bautizados – puede ofrecer a las actividades cotidianas de la parroquia, existen algunos encargos estables, por los cuales los fieles acogen la responsabilidad, por un cierto tiempo, de un servicio en la comunidad parroquial.
  2. Además de lo que compete a los Lectores y Acólitos instituidos establemente[146], el Obispo, según su prudente juicio, podrá confiar oficialmente algunos encargos[147] a diáconos, personas consagradas y fieles laicos, bajo la guía y la responsabilidad del párroco, como, por ejemplo:

1°. La celebración de una liturgia de la Palabra en los domingos y en las fiestas de precepto, cuando «la falta del ministro sagrado u otra causa grave hace imposible la participación en la celebración eucarística»[148].

2°. La administración del bautismo, teniendo presente que «el ministro ordinario del bautismo es el Obispo, el presbítero y el diácono»[149] y que lo previsto por el can. 861, § 2 constituye una excepción, que debe ser valorada a discreción del Ordinario del lugar;

3°. La celebración del rito de las exequias, respetando lo previsto por el n. 19 de las Praenotanda del Ordo exsequiarum.

  1. Los fieles laicos pueden predicar en una iglesia u oratorio, si las circunstancias, la necesidad o un caso particular así lo requieren, «según las disposiciones de la Conferencia Episcopal»[150] y «en conformidad a derecho o a las normas litúrgicas y observando las cláusulas contenidas en ellas»[151]. En ningún caso, sin embargo, ellos podrán tener la homilía durante la celebración de la Eucaristía[152].
  2. Además, «donde no haya sacerdotes ni diáconos, el Obispo diocesano, previo voto favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios»[153]. https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2020/07/20/inst.html

Nota catapúltica

El texto de la imagen corresponde a la Encíclica Mediator Dei de Pío XII, manipulada aviesamente por los redactores de la Lumen Gentium para introducir el “sacerdocio del Pueblo de Dios”, intentándolo  colocar en el mismo nivel del sacerdocio ministerial. Y la Instrucción que comentamos revela ese designio subversivo.